Caminata entre gigantes, 27K por el desierto de Baja

Caminata entre gigantes, 27K por el desierto de Baja

Por Viko Rodríguez

A escasos 25 kilómetros al sur de San Felipe, Baja California, se esconde uno de los santuarios desérticos de la península: el Valle de los Gigantes. Fue dentro de este vecindario de cardones que se llevó a cabo la primera ultra caminata del año, abriendo así la temporada de senderismo después de un pernicioso año de confinamiento.

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Eve levanta sus brazos al aire a pleno trote. Arqueadas, sus extremidades imitan en forma a los espinados de los gigantescos cardones: cactáceas típicas de este tipo de suelos áridos que alcanzan los 15 metros de altura. Verlos, impone. Invitan a la humildad. Verla, inspira. Motiva a vivir.

Ella fue la última en comenzar su incursión por el desierto. Concentrada en su propia hazaña, calentaba el motor muscular, ponía a ritmo su respiración, daba órdenes mentales exigiendo concentración total ante la expedición en este bosque de cactáceas. Despreocupada, permitió el avance de la vanguardia: 169 senderistas llegados de varias ciudades de Baja California. Ya los alcanzará.

“Cada que veo la montaña, siento un impulso por salir y adentrarme en ella”, me dice Eve, una ingeniera recibida que un buen día, marcada por el relámpago de la intuición, decidió decir adiós a la maquila en Monterrey y cambiar su residencia a Ensenada. Hoy es dueña de un gimnasio de crossfit en el puerto bajacaliforniano. El océano y los cerros son su campo de entrenamiento.

Esta caminata de 27 kilómetros era un recorrido con varios puntos especiales: el inicio en la playa de Punta Estrella; su primera etapa: 15 kilómetros por el Valle de los Gigantes; y el cierre: una caminata de 12 kilómetros por el bajamar del Mar de Cortés. Tras bambalinas, el organizador, Sergio León Cuevas, vigilaba que todos los detalles estuvieran cubiertos. Que no faltara el apoyo motorizado, la señalización, el agua. Un empresario local reconvertido al senderismo que conoce el paraje como la palma de su mano (lo justo sería decir que como la planta de su pie) y, principalmente, sabe bien lo que el caminante requiere durante este tipo de esfuerzos.

Caminar por el desierto exige un nivel extra de preparación; es un terreno agreste, limitado a pocas especies. Al observar las grisáceas varas espinosas de ocotillo, las carcazas tejidas de choya, la cascabel escamada alejándose ajena a mi presencia, uno entiende que el desierto no se anda con juegos.

“Fue una ruta muy demandante, compleja porque implicó caminar en arena suelta, algo que pone a prueba a los participantes que nos gustan los retos”, comenta Manuel Ramírez, un arquitecto mexicalense para quien regresar al camino no sólo fue una salida del confinamiento, fue una conquista de vida. Una noche antes, mientras comparábamos experiencias con diferentes marcas de calzado, me platicó cómo el virus del Covid-19 había entrado a su sistema, lo tenía hospitalizado, contra las cuerdas. “No tengo la menor duda, la fortaleza física ganada gracias a la práctica del senderismo fue clave para vencer al virus”.

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Después de pagado con esfuerzo la cuota del Valle de los Gigantes, recuperado el aliento en los diversos puntos de hidratación repartidos en el trayecto, los caminantes, por fin, emergen del desierto. Sin embargo, no es tiempo de celebrar aún. Frente a ellos esperaba un cierre de 12 kilómetros por playa que exigía un esfuerzo no menor.

Falta poco, falta poco, susurra en apoyo una luna que observa desde el firmamente el espectáculo humano. Dirán los expertos que esa voz de apoyo es la de uno mismo, y que lo mejor es callar el soliloquio mental y avanzar, paso a paso, en completo silencio.

Ya en la meta, Eve, sentada, masajea sus músculos, los premia. Fue la primera en llegar: tiempo total: 3 horas 13 minutos. Encuentro a Manuel en el campamento quien me confiesa, emocionado, que concluyó 17 de los 27 kilómetros; que se siente bien y que sólo le queda entrenar más, regresar y completar el reto desértico. Poco a poco llegarán el resto de los participantes, cansados, adoloridos, pero con el espíritu tan radiante como la luna regordeta brillando sobre nosotros.

Siempre impresiona el atestiguar la proeza del espíritu humano. Regreso mi mirada a la campeona. Tenía toda la razón en su proclama: algo tiene el monte, un tipo de hechizo cautivante, algo que invita a salir, a remontar los límites; una conquista, no del desierto, de uno mismo; un poder que sólo se gana haciendo el recorrido, a pie.

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