Tlaxcala, entre pulque, risas y luciérnagas

Tlaxcala, entre pulque, risas y luciérnagas

Por Viko Rodríguez

Tlaxcala es un estado pequeño pero con enormes tesoros que te obligan a descubrirlos lentamente. Desde su rica gastronomía donde chiles en nogada, pulque y cerveza artesanal sorprenden hasta al paladar más experimentado; senderear por el bosque sagrado de las luciérnagas o una simple caminata por la ciudad hacen de este estado uno obligado para el viajero intensivo.

Al llegar a Tlaxcala, de inmediato sentí el cambió de ritmo comparado con el ajetreo de la gran CDMX. La gente apacible, sonriente, amable, me generaba una vibra atrayente. Además me palpitaba el corazón de emoción por participar en la ruta del pulque y las luciérnagas impulsado de manera colectiva por Oactli Tours.

Salida tempranera

Muy tempranito partimos en una camioneta rumbo a Nanacamilpa, donde la primera parte del viaje constaba de un encuentro con el maestro pulquero de la zona. Rodeados de verdor y un cielo azul clarito, fuimos subiendo y subiendo hasta que los magueyes fueron mostrando sus enormes pencas torcidas. Mi respiración se iba abriendo y mis papilas gustativas salivando al saber que pronto probaría pulque fresco de Tlaxcala.

Sus propiedades curativas me habían convertido en un adepto al brebaje prehispánico y no escondí mi emoción durante el trayecto. Nos guiaron hasta los magueyes donde el tlachiquero nos mostró la manera de raspar el corazón de la planta para obtener el aguamiel que luego se convertirá en pulque. Con cada trago, las risas iban escapando de mi cuerpo y la charla se ponía cada vez más amena. En un momento de la experiencia, nos invitaron a plantar un pequeño maguey a quien tuvimos que bautizar y dejarlo ir y que en un futuro, ese pequeño sería la esperanza sustentable de mantener viva la tradición del pulque.

Un espectáculo

Mientras caía la tarde y la sombra de la noche comía todo a nuestro alrededor, nos dirigimos hasta los bosques de Nanacamilpa donde, en estricto silencio, nos adentramos para pronto ser sorprendido por un millar de lucecitas brillando en intervalos románticos, pues he de decir, que el brillo del insecto es un brillo seductor, un llamado al amor. Bajo una las copas de inmensos árboles, las únicas estrellas que revoloteaban entre las ramas oscuras del bosque de Nanacamilpa eran esas luciérnagas; una experiencia mágica que superó todas mis expectativas.

De regreso en la ciudad, nos guiaron hasta la fábrica de Cervecería Ayotochtin donde fuimos recibidos por el maestro cervecero Abad Lira y su colega de maltas, Elizabeth Pérez, quienes llevan el control de los fogones, malta, levadura y lúpulos en una pequeña bodega alejada del centro del pueblo. Ahí, acompañados por un barbón experto en cervezas, fuimos degustando una por una, descubriendo sabores, perfiles, formas. De nuevo regresaron las risas: el cervecero ordenó chiles en nogada y con una IPA en mano, de pronto vi la noche, el maizal, al espíritu de la risa y supe que estaba en el lugar correcto, con la gente correcta.

Oactli Tours: https://www.facebook.com/search/top?q=oactli%20tours

Cervecería Ayotochtin: https://www.facebook.com/ayotochtinci

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