Hiking en San Felipe, desierto y playa para los caminantes incansables

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Por Viko Rodríguez

No todo es el frenesí de las carreras off-road para conocer San Felipe, Baja California; existe otra manera de vivir el desierto, a su ritmo. Como ningún otro, el senderismo te permite respirar episodios de historia natural del lugar, reconocer sus cicatrices en el tiempo y sentir tu pulso al conquistar tus propios límites.

En un mundo donde la velocidad es rey, caminar es un acto subversivo. Cuando Sergio León Cuevas me invitó a su caminata de 15 kilómetros por el desierto de San Felipe —a la conocida como Ruta Trejo— no pude negarme a la oportunidad de tener un encuentro cercano con la flora y comunidad rocosa del lugar.

Una aventura

Comenzamos tempranito, a las 6 AM, justo detrás del faro. Hace un fresco sutil. Una rápida introducción del guía y recomendaciones de seguridad sirven de banderazo de salida. Tiempo justo para dirigirnos a una plataforma rocosa y atestiguar la salida del güero cósmico. Sin faltar a su hora de entrada, como siempre —al menos desde que el planeta Tierra se anunció oficialmente en órbita— el sol emerge desde el mar. Abriéndose paso por las templadas aguas, gallardo y espectacular como sólo él en ésta, su tierra amada, su mar norteño.

Desde este punto iniciamos la caminata sobre la arena hacia el norte de San Felipe. En este punto del trayecto, observando con atención, es posible detectar pequeñas gemas de fantasía creadas a partir de pedazos de vidrio limados pacientemente por las mareas hasta perder su filo.

Paso a paso

Transitamos unos metros más de playa y otros de pavimento hasta llegar a la entrada del desierto. Mordemos las faldas del Cerro El Machorro, guiados por Sergio León Cuevas, un elemento en la retaguardia y un paramédico en cuatrimoto. Ligeros ascensos por un sendero nos dirigen hasta la primera playa privada, mejor conocida como Playa Cantú, donde antiguamente los pescadores llegaban en sus canoas cargadas de bestiales totoabas —pez endémico del Alto Golfo de California— que alcanzaban a pesar más de 100 kilogramos.


Continuamos el paso hasta topar con la antigua casa del profesor Trejo, un personaje singular que, hipnotizado por el paisaje desértico y el mar, se recluyó en esta playa escondida para construir su morada. De aquel voluntario retiro sólo quedan los cimientos y una escalinata de piedra que construyó con sus propias manos. Uno sólo puede imaginar qué fue lo que descubrió aquel hombre, ermitaño pero amado por la comunidad, que le sedujo tanto para desear que sus restos fueran enterrados entre estos cerros. Acaso un secreto guardado por las piedras; que hablan a su tiempo, y no con cualquiera.

De la playa reingresamos al desierto, con sus ocotillos altivos y perfumadas gobernadoras, ahora rascando el muslo pétreo de la Sierra Kila. Este imponente monte rocoso nos custodia por un camino que nos permite contemplar sus profundas cicatrices; nacidas de antiguas explosiones con dinamita que sirvieron para arrancarle masivos pedazos de piedra que hoy forman el muelle de San Felipe.

El último jalón

Para el último tramo, uno comienza a sentir los estragos de la expedición terrestre. Pero los ánimos están en su mejor punto. Vientos favorables para un último ascenso y culminar sobre un mirador natural. Seguimos con el paso firme, el motor humano a todo. Cuando menos lo esperas, entras en ese trance donde el cansancio transmuta en combustible. Pruebas ese néctar que vuelve a los senderistas adictos al camino. Te empujas. Subes y subes. Imparable. Paso a paso. Atrás quedan piedras, queda el miedo y los límites. Con todo tu esfuerzo, al fin, llegas al destino. Frente a ti, un regalo panorámico que roba tu aliento. Miras, sin más, resuelto, adolorido, vuelto uno con la tierra. Y así, feliz, emprendes lentamente tu camino de regreso a la realidad.

Dónde: San Felipe, Baja California

Guía: Sergio León Cuevas

EN LA RED: FB – San Felipe hiking Adventure