Gran caminata por la playa y desierto de Baja California

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Por Viko Rodríguez
Fotografías: Salvador Leyva, Ledgar Osuna y César Quirarte
Si eres amante del senderismo tienes que vivir esta experiencia única en Baja California: un recorrido de 31 kilómetros iniciando en la playa del Mar de Cortés hasta culminar en el desierto de Baja California. Una experiencia que te regala un espectacular amanecer frente al mar e impresionantes paisajes que sólo encuentras en el desierto de San Felipe, Baja California.


¡Arrancan!

En el desierto, la noche es vida. Debajo de una luna redonda y bien llena, 240 caminantes esperan el banderazo de salida. Las manecillas del reloj marcan las 5 de la mañana; hora de inicio de la primera gran caminata en el puerto de San Felipe, Baja California.

El recorrido se divide en dos tramos: el primero de 16 kilómetros en playa y el segundo de 15 kilómetros por carretera. Se inicia de madrugada en la sección que requiere mayor esfuerzo debido a la geografía arenosa. Le sigue el trecho revelado por el bajamar; un terreno descubierto por el descenso de la marea donde el senderista camina sobre las estrías creadas por el reflujo del mar y donde debe superar obstáculos como los pequeños
riachuelos de agua salada nacidos de este fenómeno natural.

Durante esta etapa del recorrido los senderistas logran presenciar cómo el amanecer vence lentamente a la oscuridad de la noche. Una transición que no solamente se ve, también se siente. Cuando la fresca noche es interrumpida por el primer tacto de la aurora y su cálido aliento. Del horizonte, de aquella frontera en el mar, emerge el amanecer.

Apoyo total

Todos los senderistas cuentan con un equipo de apoyo -liderados por el organizador Sergio León Cuevas- quienes se hacen notar en los diversos puntos de hidratación montados en sitios estratégicos del recorrido. Garantizan el suministro de agua y frutas como plátanos, naranjas y dátiles para mitigar calambres e inyectar octanaje al cuerpo. En los últimos puntos de apoyo te ofrecen una exquisita tostada de ceviche preparada con curvina golfina e incluso un trago de cerveza artesanal cortesía de San Felipe Brewing.

Igualmente importante es el apoyo de brigadistas profesionales quienes en todo el recorrido están listos para atender cualquier percance o accidente que pudiese acontecer durante el evento. Cuando culmina el tramo playero, el sol opera con todo esplendor. Hacia adelante esperan los últimos 15 kilómetros sobre la carretera estatal de San Felipe a Puertecitos. Es un camino de asfalto rodeado por un desierto vivo donde ocotillos, gobernadoras y sahuaros crecen silenciosos en un terreno para muchos hostil. Ahora el calor es dominante.

A partir de este punto, los primeros heridos por el cansancio claudican y suben a la barredora; vehículos listos para atender a quienes desisten de continuar.

Un juego mental

En este punto del recorrido, la máquina del cuerpo opera a todo vapor. Si bien no es una carrera, tampoco se quiere ceder. Es justo aquí donde la mente juega un rol clave. Gran parte del éxito depende de su capacidad para resistir y ordenar al cuerpo lealtad total.

Muchos apoyan sus pasos con bastones de senderismo para mitigar el impacto y con ello evitar que impere ese dolor que poco a poco hace acto de presencia en el cuerpo. Una mezcla de cansancio y dolor que contrario a lo que muchos pensarían, al senderista sirve de combustible cuando la mente logra domarlo. Algunos dicen que alcanzas un estado de paz, de iluminación, donde solo existes a través de tus pasos.

Con las últimas zancadas se conquistan todos los miedos para finalmente cruzar la meta en Percebú, ya en el municipio de Ensenada. Caras antes cansadas explotan en júbilo y comparten con alegría el haber cumplido esta gran hazaña. Y es que desde ese momento nace una nueva comunidad de senderistas cómplices de haber vencido, al menos por 31 kilómetros, al desierto de Baja California.