EL TOYÓN SE ABRE CAMINO ENTRE VIÑEDOS

EL TOYÓN SE ABRE CAMINO ENTRE VIÑEDOS

Inauguran el sendero homologado número 16 en Baja California; es el primer camino oficialmente señalizado en el Valle de Guadalupe, Ensenada.

Por: Nina Pizá

En el Valle de Guadalupe, no todo es vino. Las montañas que lo resguardan se han abierto tímidamente a los caminantes y han permitido que sus venas sean recorridas por los amantes de la naturaleza y el senderismo.

La reciente inauguración del sendero balizado El Toyón, ubicado en Rancho La Fortuna, en San Antonio de las Minas, ha dado a esta icónica región vitivinícola una razón más para ser visitada aún por aquellos que no consumen vino, pero que son cazadores de experiencias y vistas espectaculares, como las que ofrece esta montaña que desde sus 701 metros de altura, deja apreciar el laberinto de parcelas sembradas tierra abajo.

Recorrer El Toyón implica esfuerzo y unas cuatro horas, en promedio. Al subirlo poco a poco, me sentí más viva que nunca; el corazón aceleró su pulso y mi respiración se hizo jadeante, como si lo hiciera a propósito para detener mi camino y hacerme voltear a mi alrededor para disfrutar el paisaje, que conforme avanzábamos, era más sorprendente.

Había piedras en el camino; unas que quedaban debajo del calzado y otras más, gigantes, que invitaban a montarlas y sentirse dueño del universo. Hay cuatro miradores oficiales, pero qué más da si cualquier punto era bueno para apreciar lo que me rodeaba. El silencio, tan escaso en las ciudades; los sonidos de las aves y la diversidad de plantas, como el mismo toyón, por ejemplo: el arbusto que produce pequeñas flores blancas y que a su vez, producen bayas rojas.

Emoción total

Una vez que alcanzamos la mesa, mi latidos y respiración volvieron a la normalidad, serpenteamos el camino trazado hasta bajar y subir otra pendiente que nos llevó a un montículo al que no todos los caminantes estaban dispuestos a ir. Hasta ahí era el punto de retorno para varios.

Nosotros decidimos ir a investigar y nuestra recompensa fue encontrarnos con unos frondosos pinos attenuatas, que no pululan por estas zonas y que fueron como un oasis que proveía sombra y frescor en un día donde el sol era omnipresente.

Al descenso, parecía que la tierra de la montaña se había convertido en talco; fino y delgado que nos envolvía como polvorones. En mi cabeza resonaba esa pregunta que constantemente me hacen algunas personas sedentarias: ¿Por qué caminas? Para aprovechar que aún tengo todos mis sentidos funcionando, me respondía yo misma en silencio, al tiempo que me hacía fuertemente a mi bastón para no derrapar.

Y es que a casi dos años de vivir bajo la sombra de la pandemia, a pesar que la psicosis inicial ya pasó, continúa el recelo de las reuniones sociales de antaño, y el lujo de caminar en espacios abiertos como éste, rodeados de naturaleza y aire limpio, sin tener que utilizar mascarillas, es una bocanada de esperanza que me hace pensar que no todo está perdido, que hay que ser resiliente y darle tiempo al tiempo para salir de ésta, como lo hizo toda esta zona que se quemó hace veinte años en Rancho La Fortuna y que ha vuelto a florecer para fortuna nuestra.

El Toyón se abre camino entre viñedos y es una invitación a salir de la rutina.

Datos prácticos:

Distancia: 7.4 km ida y vuelta

Nivel: clase 2

Recomendaciones: llevar bastón de apoyo, calzado adecuado, sombrero, líquidos para hidratarse y snacks.

Más información: https://balizamexico.com/16-toyon/

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